RESUMEN PÁGINAS 48 Y 49

CUANDO LA DIFERENCIA ES DESIGUALDAD.

Todas las sociedades humanas están formadas por individuos y grupos diferentes, y estas diferencias pueden ser generadoras de riqueza o de conflictos.
Así como las diferencias, entendidas como diversidad y si están bien gestionadas, pueden aportar variedad y riqueza, las desigualdades han de ser reducidas y eliminadas en nombre de la justicia y la equidad.
La cauda de la inmigración no son, evidentemente, los inmigrantes. Esta visión, que acentúa las diferencias, aumenta las dificultades para la convivencia y la plena integración de la sociedad, entre otras razones, porque produce un cierre mutuo y una exacerbación y defensa de las “identidades” recíprocas, lo que impide la comunicación y el diálogo. Esto hace que los que pertenecen a la sociedad receptora se sientan superiores y consideren la integración de los otros como un acto de acogida y de tolerancia hacia las costumbres de los diferentes. Para que un diálogo sea posible, es necesario que se dé en términos de igualdad.
Para que las diferencias culturales, pues, no se conviertan en desigualdades, es necesario que las distintas partes encarnen la problemática desde una posición común.

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