-Iguales pero diferentes.
En algunos aspectos todos los seres humanos somos iguales, en otros, en cambio, somos diferentes.
Físicamente todos somos diferentes.
-Diferencias culturales.
Además de los rasgos físicos, los individuos y los grupos humanos también presentan otras diferencias.
-El concepto de cultura.
Parece que con la palabra naturaleza nos podríamos referir a la herencia genética, pero el término cultura es más complejo. Tradicionalmente, este vocablo ha tenido dos acepciones básicas.
1. El conjunto de las mejores relaciones humanas en los diversos campos: conocimientos, prácticas, etc. En este sentido, decimos que una persona es más culta cuantos más conocimientos y prácticas de esta clase ha incorporado a su vida.
2. Todo el conjunto de lengua, creencias y formas de vida de una comunidad determinada, que la diferencia de las demás.
En el primer caso se acentúan los elementos comunes de la humanidad y se parte de una valoración.
En la segunda acepción se acentúan los elementos diferenciadores que dan una identidad a los miembros de un grupo determinado.
-Cultura y tradición
Todo aquello que constituye una cultura es lo que los padres transmiten a sus hijos, y por eso constituye la tradición.
CUANDO LA DIFERENCIA ES DESIGUALDAD.
Todas las sociedades humanas están formadas por individuos y grupos diferentes, y estas diferencias pueden ser generadoras de riqueza o de conflictos.
Así como las diferencias, entendidas como diversidad y si están bien gestionadas, pueden aportar variedad y riqueza, las desigualdades han de ser reducidas y eliminadas en nombre de la justicia y la equidad.
La cauda de la inmigración no son, evidentemente, los inmigrantes. Esta visión, que acentúa las diferencias, aumenta las dificultades para la convivencia y la plena integración de la sociedad, entre otras razones, porque produce un cierre mutuo y una exacerbación y defensa de las “identidades” recíprocas, lo que impide la comunicación y el diálogo. Esto hace que los que pertenecen a la sociedad receptora se sientan superiores y consideren la integración de los otros como un acto de acogida y de tolerancia hacia las costumbres de los diferentes. Para que un diálogo sea posible, es necesario que se dé en términos de igualdad.
Para que las diferencias culturales, pues, no se conviertan en desigualdades, es necesario que las distintas partes encarnen la problemática desde una posición común.