CUANDO LA DIFERENCIA ES DESIGUALDAD.
Todas las sociedades humanas están formadas por individuos y grupos diferentes, y estas diferencias pueden ser generadoras de riqueza o de conflictos.
Así como las diferencias, entendidas como diversidad y si están bien gestionadas, pueden aportar variedad y riqueza, las desigualdades han de ser reducidas y eliminadas en nombre de la justicia y la equidad.
La cauda de la inmigración no son, evidentemente, los inmigrantes. Esta visión, que acentúa las diferencias, aumenta las dificultades para la convivencia y la plena integración de la sociedad, entre otras razones, porque produce un cierre mutuo y una exacerbación y defensa de las “identidades” recíprocas, lo que impide la comunicación y el diálogo. Esto hace que los que pertenecen a la sociedad receptora se sientan superiores y consideren la integración de los otros como un acto de acogida y de tolerancia hacia las costumbres de los diferentes. Para que un diálogo sea posible, es necesario que se dé en términos de igualdad.
Para que las diferencias culturales, pues, no se conviertan en desigualdades, es necesario que las distintas partes encarnen la problemática desde una posición común.
-La larga lucha de las mujeres por la igualdad.
En la mayor parte de sociedades y a lo largo de toda la historia, la mujer, la mitad de la humanidad, ha estado sometida al hombre. En las sociedades antiguas, en que el trabajo, la defensa del grupo y el dominio de basaban en la fuerza física, la mujer estaba en una situación de inferioridad. Además, el hecho biológico de la maternidad representaba un factor añadido que posibilitaba el dominio físico del macho.
-La discriminación de la mujer en la historia.
Algunas mujeres han llegado a aceptar que su destino era ser inferior que los hombres, y esto ha impedido que durante muchos siglos tomaran conciencia de la injusticia de su situación e iniciaran movimientos de liberación. Por esta razón es difícil conocer el alcance de la lucha de algunos grupos de mujeres que ya en la antigüedad se rebelaron contra su situación. Durante el renacimiento aparecieron varios escritos en lo que se pedía la misma educación para las niñas que para los niños.
Pero no fue hasta el siglo XVIII que, como consecuencia de las ideas ilustradas, se comienzan a extender las ideas de la igualdad de la mujer y se inician auténticos movimientos de liberación.
La idea de igualdad se plasma oficial y públicamente en la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano en 1789.
En el siglo XIX esto empeoro gravemente a las mujeres se les trato mucho peor, más tarde en Inglaterra la lucha se radicalizó (rompían escaparates, incendiaban casas, etc.) La represión fue dura y las mujeres entraban y salían continuamente de las prisiones, hacia huelgas de hambre y practicaban la desobediencia civil. Pero en Inglaterra no consiguieron el voto hasta 1928, cuando en otros países ya lo habían conseguido.
Durante el siglo XX en la mayor parte de los países, las mujeres no tan sólo consiguieron el voto, sino también la igualdad de derechos.
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